El frío de las ideas abrasadas no es el frío de la cabeza abierta en la que puedo devorar tus ideas y vomitarlas, y luego tejerlas en el río de albedrío descontrolado.
Tampoco es el frío que hierve bajo la epidermis y saquea el descontrol de tu ello procaz, burdo, estropeado
Mira cuán placenteras son las mañanas cuando no estallas en llamas y buscas a todos para inflarlos con tus gritos y roer las partituras del preludio incesante que usa tus sesos como cuerdas musicales
Vamos, cava un hoyo en este charco y reemplaza mis ideas con pedacitos de tierra para que puedas engendrar una nueva epidemia de tus calamidades
Arranca mis raíces y tómalas para taparte y caminar sin que te vean desnuda de tareas
Que tus pisadas no suenen para que no jueguen a reducirte
Y guarda ese microbio enraizado en tus pupilas, cuídalo, abrígalo
Cuenta ida y vuelta hasta quedar descarada y de sombra derretida
Yo estaré esperando del otro lado para quitarte la mano y arrollarte con nuestras caretas
Mis rodillas están emocionadas, ya quieren salir.
Ven, tómalas y no te mojes los pies.
El frío nos avisará cómo sanarnos.