lunes, 28 de junio de 2010

Geno y su benjamín

La poesía bastarda te llama. La escuchas. La integras en tu vida porque estás vacía y tienes espacio para todo. Te conmueve ver las palabras en el monitor iluminado. La luz te hace doler la cabeza, es así que sabes que estás viva; no porque comes, caminas, estudias, socializas, sangras, respiras, analizas, pestañeas, hablas, gritas, sientes tu corazón palpitar, lo escuchas, escribes y te hartas. Poder repetirlo hasta el hastío no te hace vivir. Leer estas palabras frías en la pantalla sí. Sientes que tu día está culminado por soltar tu vómito verbal. Te equivocas. Tus letras no cambian nada. Vas a seguir sentada con las manos congeladas para luego frustrarte, abandonar tus ideas y echarte a dormir. En la noche soñarás con imágenes perturbadoras que te harán sudar frío y arañarte la piel, pero ya estás acostumbrada. Luego viene el letargo de nuevo, y te olvidas de lo que te pasó. Al día siguiente te levantas, abres los ojos, incrédula. Nunca sabes dónde estás. Te asustas tan solo de pensar que estás viva, que sigues encerrada en tu casa, con las paredes pintadas y la tensión que te bota de ella, porque no eres bienvenida y lo sabes. Barres con la mirada todo a tu alrededor. Los muebles, el desorden, la cochinada. Estás habituada. Te destapas, sientes ganas de llorar por el frío y sueltas un quejido que nadie escucha porque estás sola, te gusta estarlo. Al cabo de treinta segundos te incorporas y tomas la decisión de moverte al baño: es hora de la ducha. Giras el grifo y asomas la mano por donde cae el agua. Esperas a quemarte. Te quitas la ropa y entras. El calor te hace arder la piel, te mantiene en un estupor que te acomoda. Sientes cómo todas tus células epiteliales se adormecen y, por cinco segundos, tu cabeza deja de torturarte. Todo se acaba cuando recuerdas lo que sigue, shampoo, reacondicionador, jabón. Así te lo enseñó tu mamá cuando eras pequeña, cuando no imaginaba que serías la decepción más dolorosa de su vida. Lo piensas, vuelves al agua hirviendo: aléjense, ideas. Acabas, cierras la ducha. Sales al mundo de los grandes. Sigues tu rutina: caminata, combi, universidad, dolor, casa otra vez. Regresas a tu cuarto a encerrarte otra vez. Giras la perilla fría de la puerta blanca e ignoras ese chirrido que tanto te molesta. Quieres volver a tu refugio, a esconderte en tus palabras y que el mundo no te toque. Pones un pie en la habitación y te ves: sigues sentada, mirando el monitor, abstraída del mundo y viviendo de tus líneas. Te ves pálida, desaliñada y tu fealdad resalta como siempre. Estás sucia y embarrada de impotencia. No te has movido un centímetro desde la noche anterior. Todo fue otra maquinación malsana del sujeto de tu cabeza.

miércoles, 9 de junio de 2010

Fragaria Ananassa y su palmaria doblez

Te miras pero sabes que estoy ahí
Te tocas el vientre esperando a que me oculte
Sientes el dolor de tenerme clavada en tus venas, robando tu sangre

Espiras como si me pudieras soltar al aire
te ocultas en el disfraz de niña que te pudre
me sofocas en tu inseguridad y tu estúpida monotonía
me aplastas con tu cobardía

Y yo sigo ahí, mirándote apartarme
llenándote de telas para esconderte detrás de ellas
Sin ideas, sin problemas
sin aliento y sin vida propia
te pierdes en el mundo por que me repones

y tú y yo y nuestras faltas nos consumimos en una hoguera de ofrendas protervas que tu charada atiza

miércoles, 2 de junio de 2010

el vicio de tu indiferencia

En un frenesí ludópata
me puse a jugar con tus dedos
Me volví adicta a tu cara y armé tu cuerpo en mi mente
olvidé las piernas para que no corrieras de mí
Te multipliqué entre delirios y te magnifiqué cuanto pude
Para no olvidarte, para recurrir a tu mundo cuando me asuste el mío

Ahora me encierra tu imagen
te imagino vivo en mi cabeza, plantado entre mis sesos
deteniendo mi hipotálamo con quimeras

Y tan lejos, tu imagen me entierra en la indiferencia
Con tus piernas y tus pies movedizos
estancándome en la imposibilidad de tocarte
confinándome a solo tenerte en la obsesión de un recuerdo

martes, 1 de junio de 2010

Rotting Bubble

Él es mi amigo
me mira desde arriba y se ríe de mis caídas
se burla de mis huesos y mis muecas
Me ofrece su mano cuando tropiezo
la retira cuando me hundo
Su voz se mantiene en mi cabeza y la ordena

La libertad no es su idioma
son sus días los que vivo
sus palabras las que escribo
y su odio el que cargo,
el que aplasta mi cuerpo
con la disconformidad que me ahorca

Sus borrascas me reviven
Las tormentas de agua fría que engatusa
tormentas que me fusionan a su piel y no me dejan pensar

Y sé que estoy sublevada a él
a sus piernas y a sus dedos que me dirigen

Porque mi cuerpo se hizo a su antojo
y mi mente no existe sin su tiranía

desnudos insurrectos

La mira
recorre los dedos por su piel
intenta dibujar el mundo que no le pudo entregar
Observa su pecho inmóvil
aprieta la cabeza contra él
se detiene a disfrutar el silencio, la ausencia del latido
Ella sigue quieta en el suelo
el pelo le brilla como la última vez que reía
Él lo recuerda, lo enreda en sus manos
Jala de él con el mismo placer que la primera vez
pero ella ya no grita
y él se desespera

La sujeta, aplasta su cuello
espera verla guerrear por aire,
pero sigue sin recibir una respuesta

Él voltea, ve la sangre
se dirige a ella para ver su reflejo en el carmesí
Se ha vuelto viejo, perdió la cara
perdió la cabeza por una mujer
ese cadáver que ahora disfruta

encerrado en su monomanía, espera que el cuerpo se consuma igual que su cordura.