lunes, 19 de octubre de 2009

La hipocondría de Epitemeo


La ciudad del terror despierta contigo,
Eres mi caja de Pandora
¿Puedes reconocer tu cara?

Yo soy la del pecho frío que almacena mentiras
Dejé atrapada la esperanza cuando te descubrí

Entre enfermedad, locura, mentira y vicio,
la plaga se esparció con tu nombre.

No me hicieron de arcilla para quedarme aislada de tu poder
Hermes talló en mí la curiosidad por ti
Destruyó mi suerte de no conocerte

Llegaste a mí como regalo de dioses
Para desenterrar las desgracias que guardabas
Sin ayuda, destruiste todo lo que tenía aliento de vida

Comenzaste como caja y me acabaste como ataúd
Manipulaste en tu veneno cinco años, dos personas y un solo caos

jueves, 15 de octubre de 2009

Glándulas lacrimales y vísceras poéticas

Nunca se consigue lo que se desea.
Yo te conseguí a ti, no te deseaba
Cuando chillaba, no era tu garganta la que dolía,
era la mía.
Tu cuerpo tampoco se secaba con las lágrimas.
Era yo, siempre yo.
La que tiene que escribir para no ahogarse,
la que aprieta las manos contra su cara hasta que tu imagen se aleja
el animal sin instinto, yo.

Y es que tú nunca vas a tener que serlo,
yo ya acaparé el papel.
Tú puedes ser el que pisa sin herirse las plantas
el que aún se puede mirar al espejo,
el que puede guardar todos sus gritos en mis pulmones,
porque éstos sí saben colmarse y callar,
es su naturaleza,
la del reino de costumbres que me impusiste.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Mi hipopótamo rosado

En la noche se esconde el animal que tapa mi dolor
Ya no recuerdo ni cómo me enseñó a escribir con la cara seca
sin las gotas que mojan ahora mis pies.

Si todavía me muevo es porque el suelo me obliga
y la rutina me remolca
No porque anhelo transitar descalza sobre los clavos que me tienen parada

Pero él no sabe que lo recuerdo
Que recuerdo su olor, sus manos sutiles
Y esa voz que consumía mi quietud.
Eran todos inútiles para mí entonces

Ya me cansé de tener memoria
de ver sus dedos, de escucharlo
De tener los huesos débiles en la cabeza
y su mirada satírica

Aún me tiembla la piel cuando lo extraño
porque no lo tengo
porque sólo es mío en el día
porque no sabe que no lo olvidé
y lo quiero más que nunca.

Callo los gritos para buscar el sonido de sus pasos
A veces los crea mi cerebro
tiene miedo de no volverlos a oír
y yo tengo miedo de que la noche me lo quite para siempre

lunes, 12 de octubre de 2009

Veinte soles menos de propina



Extraño el calor que emanaban los músculos de la niña que no lloraba los lunes
que no se cansaba con los maltratos de los diafragmas de todos
el que quemaba puentes, trabas, frenos
El que murió cuando me mojaron este invierno.

Si releo los últimos papeles del año no encontraré la trama impresa
sólo el balbuceo de mi cuerpo que mis dedos escribieron sin consultar
Nunca tendré en claro cómo quedé tan absurda
Cómo llegué a estas líneas sin margen
a las situaciones que me obligan a morderme los dedos

Mis energías son descartables
Ya se atascaron en las puertas por las que pasó la niña de las manos tibias
en la tierra húmeda que la descompuso cuando germiné

Ya me cansé de fabricar el tiempo
de dejar que me jalen los períodos de suelo gris.
Es menos agotador dejar que me arrastre la rutina insoportable
la de ser el tapete que todos buscan, al que nadie quiere acompañar

sábado, 10 de octubre de 2009

La resaca de doña Tremebunda

Tu cuerpo es sólo materia
Ya no puede sentir
Pero sí se desintegra
Hay agua entre tus células

Tu cuerpo es sólo un cuerpo
Tu piel lo disfraza porque se cree invisible
Tu sangre es a veces la incorrecta
no siempre me sabe mal

No eres inmortal
pero resistes el frío de tus palabras
Como Bóreas,
vistes serpientes en lugar de pies
tú no eres un dios.

Con un poco de carne podría esculpirte
Volverme vetrílocua y manejarte
Tenerte en el regazo de mi monomanía
viendo cuánto soporta tu cuerpo

pero es imposible destruir la materia

jueves, 1 de octubre de 2009

Los dedos fríos de G. Paua



Tengo miedo
Tengo miedo de abrir los ojos y no tener tus manos para sujetarme
De que mis tobillos se rompan porque ya no ayudas a soportar mi cabeza.
No sé si te cansaste de mi cuerpo, de mi figura de niña golpeada
Del fracaso que sólo tú percibes en mis sonrisas postizas
No quiero imaginar que setiembre se llevó tus ánimos
Que la cordura hizo que tus pies se alejen
Sus explosivos segundos arrasaron con nuestros toques de regocijo esas semanas
Dejé de lado esos ruidos que tu lengua soltaba
Los fonemas difusos que sabían drenar mi sangre con sólo pronunciarlos
Amaba cuando frenabas mis palpitaciones
Pero tu cara, tus días, tus dientes alineados carcomieron mi cabeza
No los pude soltar una vez que lo toqué
Por eso ahora tengo miedo, miedo de no tenerlos
De coger todo tan fuerte que mueras aplastado
Y de que las voces en mi cabeza tengan que remplazar a la tuya en las noches en que necesite un cuento
Es difícil marcar pasos por donde no has estado
Las huellas que abandoné cuando llegaste a mí ya cayeron
Por eso me trabaré cuando me empujes a la arena para andar sin ti
Copiaré todos tus defectos hasta que dejes de ser uno solo y tus venas me contagien
Nadie puede contener tu humor insípido mejor que yo.
Mi razón no te quiere dejar ir