
Extraño el calor que emanaban los músculos de la niña que no lloraba los lunes
que no se cansaba con los maltratos de los diafragmas de todos
el que quemaba puentes, trabas, frenos
El que murió cuando me mojaron este invierno.
Si releo los últimos papeles del año no encontraré la trama impresa
sólo el balbuceo de mi cuerpo que mis dedos escribieron sin consultar
Nunca tendré en claro cómo quedé tan absurda
Cómo llegué a estas líneas sin margen
a las situaciones que me obligan a morderme los dedos
Mis energías son descartables
Ya se atascaron en las puertas por las que pasó la niña de las manos tibias
en la tierra húmeda que la descompuso cuando germiné
Ya me cansé de fabricar el tiempo
de dejar que me jalen los períodos de suelo gris.
Es menos agotador dejar que me arrastre la rutina insoportable
la de ser el tapete que todos buscan, al que nadie quiere acompañar
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