Quiere que borre cada uno de sus números y los devore para que crezcan en mi vientre, que planten sus raíces y hagan matemáticas con mis vísceras.
Yo no lo quiero.
Lo que quiero es despertar un lunes sin sentir que la luz del sol por mi ventana perfora mis poros
y no tener que abrir los ojos porque las calles mojadas me aplastan el día
Mis zapatos se cansan de que los pise siempre, que no los mire y no lamente gastarlos en las veredas.
Yo soy un zapato. No entiendo por qué nadie le grita al suelo que deje de sujetarnos
no me gusta sentir mi propio peso estrellarse contra él y adherirme como si debiera andar sujeta de cuerdas
Las marionetas no lloran como yo, son de madera y nadie las mira a los ojos
son lacayas de la gente aburrida que no utiliza sus propios órganos para hacer desastres
es más fácil hacer todo con cuerpos desechables que se fabrican con el material que salió del suelo que se contamina
Es fácil contaminar con golpes, sin usar las palabras porque al fin su sonido cesa
pero la idea se impregna en los sesos de los que tuvieron el infortunio de prestar atención
Es agotador saber que vivo en el lado del globo donde las gargantas gritan ideas que el mundo entierra con sus borrascas de desinterés.
Pero nací así con la voz de mortal que nadie puede entender.
Tengo un cuerpo fabricado por una máquina de imperfecciones que no puede vivir las horas sin sentir la acidez del reloj en mi cerebro
que cierra los ojos y ve los números de los que huye, del uno al doce hasta que mis zapatos tiemblan
No es posible escapar sin tropezar ni rasparme todas las rodillas.
El suelo no me hace flotar, ya no


