Cabeza de realidad
Cuerpo de congestión
Bilis de ideas y sal de angustia
Y, al fondo, un ademán de ternura
Mirando cómo te quemas sin saber apagarte
Al otro lado del telón, la burla
Lenta, reptando para apresarte
Y el final del espectáculo que se consume en la infinidad
Nunca llegas a cerrarlo con llave
Te alejas y no te toca
Nada lo hace
Ni el viento, ni la calma, ni los líos de anoche
Solo tú en tu encierro con el monstruo de cicatrices
Desnuda, sin cuerpo que cubra tu alma
Sin alma que cubra tu muerte
Y la cortina se aleja
Y no quieres más que atraparte a ti misma
Pero no te encuentras porque sabes que ya no existes
Porque desapareciste con los excesos de tu cerebro
Entre tu manía y tus ganas de estropearlo todo
En tu cara vacía y la orquesta de apariencias.
lunes, 14 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
Tu manía y sanseacabó
La serpiente dura que viaja con tu sangre, que te empuja todo el día sin que tú muevas las piernas. Esa que te jala el pelo para que te revuelvas como títere. La que pone las ideas en tu cabeza.
La que te desespera, la que te incomoda y te insulta, y te moja y te duerme.
Y la tristeza de caminar.
La amargura de las mañanas ácidas.
Y yo, y mi cuerpo, y tu cabeza y tu laberinto y tu desorden.
Y, al fin, nuestro desastre. También de cabeza. Tomando todo el sudor de tu cuerpo para que no vivas con él. Consumiendo cada vestigio de energía.
Todo eso te esperará al otro lado, cuando me sigas. Cuando cedas a mis locuras y a las cosas horribles que te recito y te amarro en el cráneo.
Cuando quites las cuerdas de tus muñecas y vengas. Cuando sacudas la sal de tu silueta y pienses en mi pecho.
Solo eso envolverá tu delirio.
Y mi piel fría encerrará el problema. Y nos consumiremos, pero la sal se evaporará
y solo quedarán tus lamentos desabridos para que se los trague el alba.
El día sonríe cuando te despierta asfixiada.
La que te desespera, la que te incomoda y te insulta, y te moja y te duerme.
Y la tristeza de caminar.
La amargura de las mañanas ácidas.
Y yo, y mi cuerpo, y tu cabeza y tu laberinto y tu desorden.
Y, al fin, nuestro desastre. También de cabeza. Tomando todo el sudor de tu cuerpo para que no vivas con él. Consumiendo cada vestigio de energía.
Todo eso te esperará al otro lado, cuando me sigas. Cuando cedas a mis locuras y a las cosas horribles que te recito y te amarro en el cráneo.
Cuando quites las cuerdas de tus muñecas y vengas. Cuando sacudas la sal de tu silueta y pienses en mi pecho.
Solo eso envolverá tu delirio.
Y mi piel fría encerrará el problema. Y nos consumiremos, pero la sal se evaporará
y solo quedarán tus lamentos desabridos para que se los trague el alba.
El día sonríe cuando te despierta asfixiada.
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