
Sofoqué treinta gritos con una almohada que pedía tu nombre
tu voz y mi cabeza no dejaban de palpitar
no sentía tu respiración, pero sí tus quejidos.
Tu figura de celofán ennegrecía mi tranquilidad
No te quería viva,
no te quería atada a mis cicatrices de fracaso
huyendo del espejo y de mis ideas,
esas mismas que mi lengua grita cuando tu cuerpo no puede más.
Sólo quería que dejaras de ocultarme.
Pero lo sabes.
Sabes que puedo existir indiferente, encima de ti
aplastando cada soplido que boten tus pulmones
Burlando tus ganas de aferrarte a la normalidad
carcomiendo cada estrago de lo que dictas ser.
Y desde luego, puedo revolver tus ideas
volverte insana una vez más
para que claves las uñas en ese mismo cojín
y apagues tu último aliento con mi fuerza.
Lo sabes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario