jueves, 15 de octubre de 2009

Glándulas lacrimales y vísceras poéticas

Nunca se consigue lo que se desea.
Yo te conseguí a ti, no te deseaba
Cuando chillaba, no era tu garganta la que dolía,
era la mía.
Tu cuerpo tampoco se secaba con las lágrimas.
Era yo, siempre yo.
La que tiene que escribir para no ahogarse,
la que aprieta las manos contra su cara hasta que tu imagen se aleja
el animal sin instinto, yo.

Y es que tú nunca vas a tener que serlo,
yo ya acaparé el papel.
Tú puedes ser el que pisa sin herirse las plantas
el que aún se puede mirar al espejo,
el que puede guardar todos sus gritos en mis pulmones,
porque éstos sí saben colmarse y callar,
es su naturaleza,
la del reino de costumbres que me impusiste.

1 comentario:

RR dijo...

.
en el punto de ebullición