La mira
recorre los dedos por su piel
intenta dibujar el mundo que no le pudo entregar
Observa su pecho inmóvil
aprieta la cabeza contra él
se detiene a disfrutar el silencio, la ausencia del latido
Ella sigue quieta en el suelo
el pelo le brilla como la última vez que reía
Él lo recuerda, lo enreda en sus manos
Jala de él con el mismo placer que la primera vez
pero ella ya no grita
y él se desespera
La sujeta, aplasta su cuello
espera verla guerrear por aire,
pero sigue sin recibir una respuesta
Él voltea, ve la sangre
se dirige a ella para ver su reflejo en el carmesí
Se ha vuelto viejo, perdió la cara
perdió la cabeza por una mujer
ese cadáver que ahora disfruta
encerrado en su monomanía, espera que el cuerpo se consuma igual que su cordura.
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