Gracias otra vez por perderte la tarde
la merienda del día en el caos de la rutina
que vuelves fuego para complacerte con la ceniza
vienes tú después del meridiano
por la frontera del ocaso, con tu desorden y tus pecados
y tu horrible habladuría
que arde con la furia de mil astros convulsionantes
de nuevo vienes a envolverme en tus caídas
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